Primer Domingo en Lourdes

Publicado en por Octas

Hoy ha amanecido soleado, despues que ayer nos fueramos a la cama con bastante frio y con lluvia. La verdad aue aaui para aue no haya lluvia tiene aue ser muy raro. La Meteo como dicen los franceses en Lourdes es o lluvia o granizo:; tambien se dan cita los truenos y los grandes nubarrones.
La que no cambia es la imagen clara y reluciente de Maria aparecida en la Gruta de Massabielle. Ella luce radiante y esplendida porque ella es la estrella que guia nuestros pasos. Ella es la madre que vela por sus hijos, especialmente los mas descarriados. Podriamos decir: los que se debaten en este mundo de una forma confusa, sin tener a nadie en quien confiar.
Maria, tu que eres el consuelo de los afligidos, el refugio de los pecadores, el auxilio de los cristianos, a ti acudo hoy y siempre para rogarte por los que sufren, los que lloran, los afligidos y tambien por todos aquellos que se sienten desorientados, sin saber donde ir, equivocados en este entrecruzarse de caminos que es la vida.
Ella comprendio fantasticamente lo que es ponerse al sercio de los demas. Ella vivio experiencias que la llevaron a despreocuparse de si misma y a desvivirse por los demas.

Hoy es el dia del Senor: Estamos en el segundo domingo de cuaresma; El Evangelio de hoy nos lanza un reto: la transfiguracion de nuestras vidas;

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS 9, 2, 10

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

Se les apreció Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:

-- Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Estaban asustados y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube:

-- Este es mi Hijo amado; escuchadlo.

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús los mandó:

-- No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.

Esto se les quedó grabado y discutían que querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.

 

 

COMENTARIO

 

           San Marcos nos narra con sencilla brillantez el misterio de la Transfiguración del Señor. Fue, sin duda, algo espectacular. Pero por encima de la calidad del prodigio está que Dios quiere mostrar a tres apóstoles que Jesús es su Hijo y que, por tanto, nada deben temer respecto a lo que vendrá después. Es una ayuda a su débil fe. Pero la gloria que vieron se les olvidó pronto. Nuestros propósitos de seguir al Señor también se nos olvidan a pesar de que los recibimos con la cercanía de una luz que nunca se apaga.

Hemos de tener en cuenta –y hoy más que nunca—que Jesús siempre se nos muestra luminoso y claro. Con una luz que nos sirve para reflejarla, con nuestro trabajo, en los demás, en los que más nos necesitan. Esa es nuestra transfiguración.


Un pintor contemporáneo realizó un estudio sobre la Madre Teresa de Calcuta. Esos ojos marchitos, esas arrugas de su rostro no coinciden en nada con los rasgos de tantas divas, que se exhiben diariamente en los Medios. Pero descubrió en aquel semblante una sonrisa, una luz, un misterio que no puede explicarse sino desde aquello que llamamos santidad: La presencia de Dios que se trasluce, de forma radiante, en ciertos momentos de la vida.

 

En el caso del Señor Jesús, san Pablo escribe a los colosenses: “En él reside corporalmente la plenitud de la divinidad”. No extraña entonces que un día, en la cima de un monte alto, tres discípulos, invitados de honor contemplaran a Jesús transfigurado. “Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador”, nos dice san Marcos. “Su rostro se puso brillante como el sol”, escribe san Mateo. Y san Lucas apunta: “El aspecto de su rostro se mudó”. Los evangelistas señalan además que allí se hicieron visibles Moisés y Elías. Dos personajes sobre los cuales se afirmaba toda la historia judía: El caudillo que liberó de Egipto al pueblo escogido y un profeta de tiempos difíciles, cuando se forjó la identidad de Israel. Ellos, como nos dice el texto, hablaban con Jesús, dando a entender que los tres hacían parte de un mismo proyecto de salvación.

 

También en cada uno de nosotros se esconde un misterio luminoso, que en ciertas ocasiones se manifiesta: Somos hijos de Dios muy amados, creados a su imagen y semejanza. La tarea del cristiano sería transfigurarse a cada instante. Lograr que se trasluzca su maravilla interior. Y esto se alcanza por la oración, pero ante todo por la caridad fraterna, por el servicio generoso a los más débiles. En tales circunstancias la gente nos verá transfigurados y el Señor podrá certificar: Este es mi Hijo predilecto.

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